Por: Temistocles Ortega Narváez                       Senador de la República

Inicia un nuevo año, siguen los mismos problemas, los mismos sueños. Problemas y sueños que tenemos desde algún tiempo, desde hace décadas o desde siempre, se podría afirmar.

Su permanencia en el tiempo nos sugiere que la forma como los hemos abordado no ha sido la mejor. Que lo que hasta ahora hemos hecho no ha sido suficiente o que no hemos hecho, lo que debimos hacer. Y no es que estemos en ceros, porque sí hemos avanzado.

El país de hoy no es el mismo de hace 50 o 100 años. Baste citar no más la expectativa de vida de los colombianos ligada a mejoras en los indicadores sociales. Pero también es cierto que los problemas estructurales de nuestra sociedad continúan ahí, impidiendo la construcción de las condiciones para que el país tenga una hoja de ruta solida que nos genere confianza y credibilidad en lo que estamos haciendo para superar la desigualdad inaceptable y mejorar los niveles de equidad, inclusión social, crecimiento sustentable y redistribución de riqueza. Hay que decirlo con claridad: las políticas actuales y las de años anteriores, para ser objetivos, no posibilitan la condiciones necesarias para que el país supere las dificultades acumuladas durante tantos años.

Una lectura diferente de nuestra historia, de lo que vivimos hoy y de lo que esperamos ser, es absolutamente necesaria y urgente. Y claro, una acción decidida para ofrecer soluciones. Para eso necesario es partir de las olas de violencia del país. La primera, para no ir mas atrás, la violencia partidista, la segunda la llamada “guerra contrainsurgente” y esta, en la que estamos ahora, una mezcla compleja de crimina- lidad organizada, antiguas guerrillas y delincuencia aislada en medio de viejos y graves problemas de la ruralidad. Y en este contexto la defensa de la vida es, sin duda, el primer desafío del Estado, del gobierno y la sociedad toda. Urge una estrategia integral que proteja la vida de los colombianos, particularmente de aquellos que habitan las zonas de conflicto y de quienes promueven y defienden los derechos humanos, urge igualmente una estrategia integral más eficaz en la lucha contra los cultivos de uso ilícito y la mi- nería ilegal, así como frente a la inseguridad ciudadana. Igualmente políticas más “agresivas” de contenido social para generar condiciones de vida digna. Entre nosotros, los caucanos, debemos avanzar en la búsqueda de mayores consensos y asegurar nuestra presencia como comunidad toda, en la agenda nacional y del gobierno para que las cuantiosas inversiones en la red vial nacional se realicen, así como en los demás bienes públicos y en proyectos productivos que mejoren nuestra competitividad e impulsen un sector empresarial como condición para la generación de trabajo con énfasis en sectores juveniles y mujeres, los más afectados por la pandemia.

Hay suficientes estudios sobre la forma cómo desde la nación y el departamento podemos hacer frente a este difícil momento. Solo requerimos de mayor unidad para impulsarnos confiados y decididos. Así como hemos obtenido éxito frente a otros retos, también en la solución de nuestros ancestrales problemas, la superación de nuestras naturales diferencias y realización de nuestros mejores sueños podemos lograrlo. Si nos unimos cada vez más, confiamos en nuestra propia capacidad para salir adelante, actuamos con entusiasmo y decisión, impulsaremos nues- tro departamento, modernizaremos toda nuestra institucionalidad, fortaleceremos nuestra economía y generaremos desarrollo social sustentable con oportunidades para todos. Si es posible!. Feliz año!

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