Por: Oscar Rodrigo Campo Hurtado

Nadie como los vendedores de seguros, que se lucran del miedo general y la probabilidad real de que haya un evento malo, para conocer sobre el riesgo, la amenaza y la vulnerabilidad. Conceptos obligados para todos los que queramos sistemáticamente prevenir desastres o disminuir efectos de una amenaza como una pandemia. Es claro e indiscutible: Si algo es fácil de propagar y colectivizar es el temor, el mismo que utilizan los líderes mesiánicos para crear cortinas de humo y tener seguidores, ante la incapacidad de concretar soluciones o materializar propuestas.

Sería necio quitarle peso al Coronavirus en nuestra realidad,pero tampoco podemos caer en el hipotético mundo encerrado, en una burbuja donde no exista riesgo alguno. Este no es un escenario posible ni tampoco este se va a diluir rápidamente; Las vacunas se tomarán su tiempo, que no será inferior en Colombia, en el mejor de los casos, un año para que se masifiquen y puedan cambiar la situación actual.

La amenaza llamada Covid-19, que nos puso en riesgo a toda la población y en especial grado de vulnerabilidad a todo aquel que, por su actividad misional, debe tener relación directa con muchas personas de forma permanente, obliga a tomar medidas de bioseguridad tanto en los espacios públicos, como en los laborales y en los residenciales. Los dispensadores de desinfectantes y de tapabocas, garantizar el distanciamiento entre personas y la ventilación en lugares cerrados, son acciones básicas para disminuir el riesgo de ser infectado, pero también ha sido de gran ayuda para crear conciencia a través de todos los espacios de comunicación sobre los hábitos sanos en el comportamiento y del valor del autocuidado para cada persona.  Es algo así como mirar a lado y lado antes de cruzar la calle o fijar bien el paso al subir o bajar unas gradas, donde es el inconsciente quien trabaja, medidas de seguridad que usamos por el mero instinto de conservación y de esto se trata.

Los sectores salud y educación, son los más grandes en materia de oferta institucional del Estado, quien como tal  tiene la obligación de asumir, con muchas dificultades y con especial reconocimiento a la vocación de servicio del personal médico y hospitalario del país, quienes han jugado un papel fundamental en la atención de esta pandemia, asumiendo riesgos y cobrando  vidas de galenos y personal asistencial, ante el reconocimiento generalizado de la comunidad por su valentía y compromiso de afrontar este momento histórico con el desconocimiento de su  dimensión real.

Las dificultades en materia de capacidad instalada persisten, pero las medidas de bioseguridad y las prácticas de atención, lograron devolver una relativa tranquilidad para que cientos de miles de personas del sistema de salud sigan al frente de una lucha que terminaremos ganando, sin duda.

En la educación por su parte, se sigue pronunciando la brecha social. Muchos de los colegios privados y algunos públicos,  mantienen al día su calendario escolar, las distintas plataformas digitales han servido de instrumento tecnológico para que los efectos de las restricciones amparadas en el decreto no frenaran el proceso de aprendizaje de niños y niñas, particularmente de los estratos 4,5 y 6, pero con enorme preocupación, y como bien advierten entidades internacionales como la ONU, el efecto más nocivo de esta pandemia se marca en la deserción escolar y el retroceso de aprendizaje de millones de ellos.

El Ministerio de Educación Nacional con tibieza inicia la discusión sobre el regreso a clases y Fecode pone sobre la mesa todos los riesgos que amenazan tanto a profesores, alumnos y administrativos al confrontar el desarrollo de la pandemia con las afectaciones generadas en el mayor problema de salud pública de la historia reciente de la humanidad.

Debemos reconocer el compromiso y trabajo que han hecho los sindicatos de profesores en el Cauca, Sutec y Asoinca. Los problemas que se asumen en el sistema educativo en un departamento como el nuestro no son pocos, la difícil accesibilidad en una población mayoritariamente rural, en muchos casos dispersa, las limitaciones que la misma pobreza de nuestra gente como la no adecuada alimentación que se presentan en un alto porcentaje de los alumnos, la deficiente infraestructura. No hay la capacidad instalada suficiente y mucha de ella no cumple los requisitos de sismo resistencia, la precaria conectividad en nuestros municipios y como si fuera poco, las economías ilegales, la violencia y el conflicto social, determinan en nuestro departamento condiciones muy complejas para ejercer una de las profesiones más loables de todas, educar.

Conozco el espíritu de trabajo y la independencia que ha tenido Asoinca de las mismas directrices de Fecode; Son muchas horas las que he compartido con sus directivas, discutiendo y buscando soluciones a muchos de los problemas mencionados, con coincidencias y discrepancias, pero siempre con el espíritu de alcanzar alternativas y brindar respuestas. Hoy más que nunca, existe un compromiso enorme de devolverle a los niños y niñas del Cauca, a los más pobres que son la gran mayoría, la posibilidad de recibir nuevamente sus clases, compromiso que debe reunir a todos los municipios, directivas y padres de familia, Gobernación y Alcaldías y el trascendental papel de la Secretaría de Educación Departamental porque regresara clases es objetivo de todos.

En esto nunca jamás se podrá pasar por alto los riesgos que trae la pandemia, pero, así como el sector salud lo hizo y lo sigue haciendo, la discusión en materia de bioseguridad debe estar además acompañada en el analizar cada región del Cauca, cada municipio y corregimiento, la apertura de los demás sectores y el aislamiento real que tengan profesores y alumnos en este momento no laboral. Aquí no pueden haber imposiciones ni intransigencias, aquí debe ser un gran acuerdo por el Cauca, por su niñez y juventud, por el futuro de todos.

Estoy convencido que la alternancia y algunas soluciones tecnológicas podrán ser la alternativa para los sectores más complejos por los casos de la pandemia, y el regreso a clases presencial en muchos de los municipios o de los corregimientos que presentan un bajo registro de eventos de infección.

La apertura de los sectores es una realidad, los riesgos, las amenaza y la vulnerabilidad seguirán siendo materia de trabajo conjunto para prevenirlos. Cuando iniciamos un viaje lo hacemos con optimismo, tomando las medidas pertinentes y siempre pensando en que saldremos bien librados de la probabilidad de tener un accidente, no porque no los haya, sino porque asumimos con responsabilidad el riesgo, y tampoco nos quedaremos encerrados en la casa, como hoyno lo están profesores y alumnos; pensando que si salimos nos puede coger un carro o nos vamos a accidentar, siempre tomaremos medidas de conservación. El ocio será el origen de más pobreza, violencia y atraso, debemos volver a clases y dar muestras de nuevo de la histórica resiliencia que hemos protagonizado en nuestros territorios.

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