Ha causado revuelo la aprobación de la Ley que prohíbe el “castigo físico, los tratos crueles o degradantes y cualquier tipo de violencia como método de corrección contra niños, niñas y adolescentes”, la gente se ha reído, criticado y aplaudido aquel proyecto de ley 320 de 2020, mejor dicho, el país se encuentra dividido, hasta instagramers, como El Mindo han salido a cuestionar y preguntarle a su audiencia, cómo ven la cosa y qué consideran al respecto. Se han tocado todas las fibras sociales, pequeños y grandes han opinado.

Quizá usted también considere, que es un poco exagerado la intromisión del aparato estatal en la crianza que se realiza con su hijo/hija, si bien es cierto, históricamente y en la lógica familiar, cada padre juzga según el comportamiento, positivo o negativo de su hija/hijo y así mismo propina la sanción o castigo, ahora con dicha ley, no solo se reprende a un chico, bajo parámetros objetivos de su acudiente, sino que el Estado interviene replanteando dichas prácticas de castigo y sancionando a quien lo haga con violencia.

Le invito a que lo vea desde otro punto de vista, tal vez a usted “harto” rejo/chancleta/látigo/correazo, si le dieron y eso no le genero ningún trauma, quizá eso lo hizo más fuerte, le permitió arrojo, forjar carácter, y hasta templanza para no verse tan abatido por las burlas de personas externas a su familia (al bullyng, para ser más específica); pero realmente su situación fue bajo el contexto de un privilegiado, le aseguro que sus padres lo castigaron con amor, en la construcción y crianza de su ser, lo hicieron para que usted fuera “una persona de bien”, a más de uno escucho que bajo esas justificaciones fueron reprendidos con dicho método.

Cuando hablo de privilegio, es no percibir el castigo desde la perspectiva de su propia crianza, sino reconocer que el otro no tuvo los mismos padres u acudientes que hicieron actos de amor a través del castigo, porque aún que usted no lo crea, el castigar, desde el punto de la corrección y edificación, es posible. Sin embargo, muchos jóvenes no lo experimentan de la misma manera, en contextos menos favorables, el castigo es una manifestación directa de rencores, frustración y opresión.

Lastimosamente no todos los padres están preparados para aceptar y ser padres, quizá algunos no lo deseaban, fue por imposición o sencillamente sucedió (no vamos a hondar mucho en este tema). Aquellas paternidades y maternidades impuestas y sometidas -no digo que todas- , estimulan la falta de paciencia, caridad y comprensión con una criatura que debe ser edificada y centrada para la vida futura en servicio a una sociedad capitalista, quizá ahí radica lo simbólico de la ley, no cuestionar a quienes fueron criados bajo dicho método, sino salvar vidas que pueden ser destruidas por un trato maltratador de sus padres o acudientes, porque si bien es cierto, ningún niño, niña o adolescente debe cargar con heridas físicas por dilemas no resueltos de sus padres.

Le ley no hará más de “Cristal” a la “generación de cristal”, todo lo contrario, pondrá el tatequieto aquellos maltratadores y violentos que agredan la niñez colombiana bajo la justificación de que “son padres y pueden disponer de la vida de su hija/hijo”, ante todo los derechos de los niños y adolescentes, encaminándonos a un país que salvaguarde la salud mental y física de sus generaciones futuras; la negociación y el diálogo intrafamiliar es el camino… como leí por ahí “ahora duele más retener el celular que pegarle una nalgada”. Hay formas de formas.